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Insight
2022: disrupciones tecnológicas y amenazas empresariales
05 ene 2022
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A fecha de hoy, Tesla capitaliza más que las diez mayores empresas de coches cotizadas del mundo, que incluye a gigantes como General Motors, Nissan o Volskwagen. Aunque muchos criticaron a Elon Musk y su proyecto empresarial, el mercado le está dando la razón. Lo que subyace no es una guerra por un mercado, sino una forma disruptiva de entender los negocios.

Posiblemente unas cuantas empresas de coches no sobrevivirán a dicha disrupción, al igual que empresas y sectores que en su momento eran líderes acabaron cayendo como consecuencia de su lentitud en entender la magnitud de una disrupción.

Como ejemplo, el sector de ferrocarriles representaba más de la mitad de la capitalización bursátil en EEUU y en Reino Unido. Hoy su peso es insignificante. Algo parecido ocurre con el sector de televisión, amenazado por el auge de plataformas como Netflix o HBO.

Se ha denominado al Covid como una “explosión cámbrica” que ha acelerado la disrupción digital muchos años, algo que puede a su vez acelerar el triunfo y la muerte de empresas y sectores. Baste como ejemplo que prácticamente un nivel muy reducido de las acciones cotizadas (sobre todo las tecnológicas) han generado la casi totalidad de los retornos de la Bolsa norteamericana (a su vez la que mejor se ha comportado) en los últimos años.

¿Qué disrupciones podemos vislumbrar para este año entrante?

Primero: la revolución de la movilidad. No hablamos sólo de que el número de coches eléctricos se multiplicará por trece esta década. Hablamos también del impacto que los vehículos autónomos generarán en importantes sectores. La inteligencia artificial facilita que los camiones autónomos, que ya circulan en Nevada, puedan ser una solución a la escasez de mano de obra que se observa en varias economías, pero también una importante amenaza a una profesión numerosa. Conducir por ciudades con coches autónomos es más difícil para un robot, pero en Yokohama ya circulan taxis sin conductor de Nissan.

Segundo: la aceleración de la robótica. Si nos encontramos ante la llamada “gran dimisión”, mostrando un mercado laboral en la OCDE muy tensionado, las empresas reaccionan aumentando el volumen de robots. A medida que los sueldos de los trabajadores suben, los de los robots bajan. Las ventas de robots se han disparado desde la pandemia (presentan otra ventaja, no se infectan). Existe ya evidencia que muestra cómo una mayor penetración de robots puede explicar mayores incrementos de productividad. Con todo, este proceso puede generar importantes cicatrices sociales que hay que prever.

Tercero: la priorización de la ciberseguridad. Las empresas mundiales pierden seis billones (españoles) de dólares por ciberataques al año. A medida que las empresas aceleran su digitalización espoleadas por el Covid y facilitan el teletrabajo y el trabajo híbrido, también aumentan sus vulnerabilidades. Una estrategia de ciberseguridad impulsada desde el consejo de administración es una prioridad clave para afrontar esta amenaza, máxime si la evolución de la tecnología de la empresa no va a la misma velocidad que la madurez de su ciberseguridad.

Cuarto: la irrupción del metaverso. Con 4.500 millones de personas conectadas a redes sociales de un total de 7.700 millones de habitantes en la tierra, la posibilidad de que creemos avatares de nosotros mismos, denominados “gemelos digitales” para interaccionar en el metaverso genera múltiples ángulos. Los avatares podrán utilizar la realidad aumentada o virtual para, por ejemplo, visitar el Coliseo de Roma tal como está ahora, o bien para visitar una reconstrucción virtual del edificio en su apogeo. Podrán además socializar con otros avatares, incluso con aquellos de personas que hayan fallecido, pero que mantengan su avatar con sus características en el metaverso. Nike y Adidas ya han anunciado que venderán sus productos digitales en el metaverso (para calzar a nuestros gemelos), desarrollando un comercio electrónico ad hoc. Si las transacciones en el metaverso se generalizan en la criptodivisa ethereum, habrá que analizar el impacto en las divisas tradicionales, e incluso en la divisa de reserva. Además, surgirán industrias asociadas tanto a los datos como a la publicidad que generará el metaverso.

Quinto: el triunfo del comercio electrónico. El Covid ha adelantado una tendencia imparable de adopción del comercio electrónico unos cinco o diez años, tal como ocurrió en China durante la pandemia del SARS. Una vez que el usuario ha probado el comercio electrónico por primera vez es muy posible que repita. Amazon genera ya un volumen muy relevante de los envíos postales de EEUU y, por cierto, vende ya más productos de terceros que propios. Además, empresas como la canadiense Shopify han construido plataformas rivales a la de Amazon con más de 120.000 millones de dólares de ventas en cuestión de una década. Las implicaciones en la logística de última milla son evidentes. Como señala el libro Where is my flying car?, Maquiavelo, en El Príncipe, escribió que a los innovadores se les oponen aquellos “a los que les ha ido bien bajo las antiguas condiciones”. Se ha señalado cómo este proceso también afecta a la producción de conocimiento científico e incluso en el mundo empresarial. El sistema a corto plazo es alérgico al cambio y recompensa a los incumbentes contra las ideas “no Tolemaicas”: la tierra es el centro del Universo. Se descubrió la electricidad en el año 1881, pero las fábricas no cambiaron radicalmente procesos hasta la década de 1920.

Pero la historia de la economía y de las empresas es categórica: la innovación y la verdad siempre vencen frente a la resistencia al cambio y a las viejas creencias. Por eso, Tesla vale más que las diez compañías más grandes de coches juntas.

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